Universidad crea su propia Hadopi dejando sin Internet a los alumnos al tercer aviso
Si Hadopi fue creada para “educar” a los usuarios en Francia sobre sus malos hábitos en la descarga de material con copyright, la Universidad de Illinois ha dado un paso más allá tomando la norma como una “ley” interna. Los estudiantes y trabajadores revelan que impera el régimen de tres avisos. Tras el último aviso, los estudiantes no podrán acceder a la red nunca más desde su cuarto. Los trabajadores por contra son expulsados de la Universidad.
Posiblemente febrero sea el mes en el que se implanten las Six Strikes en Estados Unidos, una versión de la regulación francesa por la que los usuarios estadounidenses recibirán hasta seis avisos por infracción del copyright, llegada la última advertencia, los ISPs podrán actuar contra el usuario.
Aún así, la regulación no será del todo pionera en el país. En los últimos años en Estados Unidos los colegios y Universidades han tomado una serie de medidas drásticas para reducir la piratería. De hecho, cada año la RIAA y la MPAA envía decenas de miles de avisos o cartas de infracción (a través de las IPs) a las instituciones educativas para alertar sobre presuntos “piratas” en las P2P.
Según podemos leer en TorrentFreak, por norma general los estudiantes o trabajadores de los centros son avisados con algún tipo de sanción o visita al decano. La Universidad de Illinois en cambio ha ido un poco más lejos. Ha implantado su propia Hadopi instaurando el régimen de tres avisos con sanciones difíciles de entender tratándose de estudiantes.
Cuando la Universidad recibe una notificación de la DMCA por parte de los titulares de derechos de autor informando sobre alguna descarga de BitTorrent no autorizada, la habitación de la residencia donde ha ocurrido se queda sin Internet de inmediato. Según la política del centro:
Los estudiantes que reciben notificaciones de violación del copyright se quedan sin Internet. Se informa al usuario de la obligación de reunirse con un representante del centro y que su acceso a la red se mantendrá cerrado hasta que dicha reunión tenga lugar. El representante se reunirá con el estudiante para discutir la naturaleza de la violación y la política de la Universidad en materia de infracción de los derechos de autor.
Tras la reunión, el representante puede aplicar una amplia gama de sanciones después de que finalmente sea restaurado el acceso en la red. Sin embargo, tras el tercer aviso, y esta es quizá la parte más incomprensible, al estudiante no se le permitirá acceder nuevamente a Internet en la habitación de la residencia. Nunca más podrá conectarse.
Brian Mertz, uno de los encargados en la Universidad de velar por la “seguridad” de la redes, explica que reciben alrededor de 100 notificaciones de infracciones al mes. Christine Svoboda, una estudiante del centro, explica para TF cómo fue “capturada” por la MPAA y la RIAA, un aviso que le llevó casi dos semanas para volver a estar online desde su habitación tras el primer aviso:
Aún hoy y para ser honesta, no tengo ni idea de lo que había descargado. Tengo uTorrent instalado en mi equipo, pero nunca está activo en la escuela, principalmente porque la descarga es demasiado lenta.
El propio Mertz asegura que no todos los avisos de DMCA son exactos, el representante en seguridad señala que algunas advertencias no se corresponden con las direcciones IP. Aún así, cada notificación es un aviso.
Una norma que también llega a los trabajadores o empleados del centro. Mertz explica que a un profesor se le pidió que buscara otro trabajo después de varias advertencias:
No podemos entrar en detalles por razones internas, pero teníamos un profesor que había cometido infracciones repetidamente, así que se le pidió que buscara otro trabajo porque era un problema constante.
Aunque parece un caso aislado en el resto de Estados Unidos, llevar a una institución educativa a actuar como policía de la red, implantando este tipo de regulaciones, parece excesivo a todas luces. Aunque quizá tenga algo de lógica si pensamos que desde el 2010, el gobierno del país agregó un nuevo requisito para los colegios y universidades y el uso ilícito del intercambio de archivos en sus redes.
Según esta legislación, los centros educativos pueden llegar a perder fondos federales si no hacen lo suficiente por detener el intercambio ilícito. Una regulación que en tres años ha servido para que muchos centros gasten miles de dólares en la instalación de sistemas antipiratería.
Estudio: La mayoría de los usuarios de BitTorrent están siendo monitoreados
(cc) Sirius Rust
Un estudio de la Universidad de Birmingham en Inglaterra indica que cualquier usuario que descargue contenidos a través de torrent será rastreado por una empresa de monitoreo dentro de tres horas. Algo muy rápido y extenso, que sorprendió a los investigadores.
Los datos de rastreo luego son usados por los dueños del copyright en la caza contra quienes infringen esta ley. La investigación se realizó en un periodo de tres años por un grupo de científicos computacionales encabezados por Tom Chothia, que presentaron un paper esta semana en una conferencia en Italia.
Para llegar a esta conclusión, observaron el tráfico de una colección de 100 archivos de The Pirate Bay durante dos años, analizando lo que ocurría en torno a ellos. Descubrieron que los archivos más monitoreados son los contenidos populares (la lista del “top 100″ por ejemplo), mientras que los menos populares apenas son vigilados (aunque también son rastreados de vez en cuando).
Tipos de monitoreo
El protocolo de BitTorrent funciona en base a “trackers”, servidores que ayudan a los usuarios a encontrar otros interesados en intercambiar partes de un mismo archivo. El grupo completo de gente que está intercambiando el mismo archivo de forma simultánea es llamado “swarm” (enjambre). Cuando un usuario se une a un enjambre, avisa al tracker, que entrega una lista de sus pares en la red.
Este sistema permite dos sistemas básicos para monitorear la red de BitTorrent. En la forma indirecta, los monitores simplemente se unen a la red para conseguir que el tracker les de una lista de todas las direcciones IP usadas por otros usuarios para descargar el archivo, pero luego no toma ninguna acción. El monitoreo directo, en cambio, va más allá y se comunica con los otros pares.
El monitoreo indirecto no puede entregar una evidencia tan clara de que un par está infringiendo el copyright, puesto que un cliente puede unirse a una red sin intercambiar ningún archivo. Con monitoreo directo sí pueden ver cuánto del archivo ha descargado un usuario, y si ha compartido archivos con otros.
Usuario real vs Monitores
Los investigadores usaron varios criterios para poder distinguir entre un usuario de BitTorrent corriente, y alguien que se unió a la red sólo para observar las actividades del resto. Los monitores por ejemplo tienden a tener una porción importante de las IPs conectadas a las redes BitTorrent, tienden a estar conectados por un periodo largo de tiempo, y cada IP se conecta a varios enjambres diferentes. Pocos usuarios de BitTorrent usan el sistema de forma tan intensiva.
El estudio obtuvo más datos al interactuar con otros usuarios. Los clientes de BitTorrent intercambian archivos en pequeñas piezas llamadas “bloques”, y deben avisar qué bloques tienen, y cuáles les faltan, para que el intercambio pueda llevarse a cabo. Si un usuario está tratando de bajar un archivo, debería ir anunciando que tiene cada vez más bloques a medida que pasa el tiempo, y nunca debería informar que no tiene un bloque cuando antes dijo que sí lo tenía. Los investigadores descubrieron, sin embargo, que algunos se comportaban de esta manera. Este comportamiento no se observó en ninguno de los enjambres que compartían contenido de dominio público, por lo que lo más lógico es que se trate de monitores.
Los investigadores crearon con estos sistemas una lista de direcciones IP que sospechan que están siendo usadas para monitoreo, y las compararon con información conocida de quiénes están observando la red BitTorrent. En algunos casos, las IP corresponden a empresas que antes ya habían reconocido monitorear esta red. En otros casos, pertenecían a grupos encargados de impulsar la protección al copyright, pero que no han reconocido tener software de monitoreo. También algunas pertenecían a ISPs, aparentemente por requerimiento de compañías impulsoras del copyright.
El estudio también comparó la lista de IPs con las listas de bloqueos (blocklist) usadas por algunos usuarios de BitTorrent para evitar que sus clientes se comuniquen con IPs que son sospechosas de pertenecer a compañías monitoras, y aunque algunas coincidían, también encontraron falsos positivos y falsos negativos. Esto significa que las listas de bloqueo no protegen adecuadamente a los usuarios de ser detectados por los monitores.
La investigación podría ayudar a algunos a crear mejores sistemas para bloquear a estos monitores, pero también las compañías que están realizando estas actividades podrían tomar medidas para mejorar sus sistemas y hacer que sean más difíciles de detectar, haciendo que se comporten más parecido a los usuarios reales.
Como sea, el estudio llama la atención respecto a que ésta no es una actividad ni tan anónima ni tan difícil de rastrear como muchos piensan.
Links:
- The Unbearable Lightness of Monitoring: Direct Monitoring in BitTorrent [PDF]
- Trading popular files on BitTorrent? You’ll be spotted within 3 hours (ArsTechnica)







