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20 marzo, 2015

El mito de los 72 píxeles por pulgada

Esta entrada continúa con el tema de la anterior, esta vez para profundizar en una idea que está muy extendida pero que me temo que nos lía más que ayudarnos: la costumbre de redimensionar para web a base de remuestrear a 72 ppp. Según algunos expertos, el origen de esta práctica posiblemente esté relacionada con el hecho de que, en ciertos equipos de Apple de los años 80 (siglo XX), la resolución de la impresora y la del monitor guardaban alguna relación fija entre sí (como 72 ppp y 144 ppp, según he leído), lo cual quizá acabó generando la creencia de que los 72 ppp eran un valor de densidad universal y que además poseían algún tipo de ventaja en sí mismos. Otros atribuyen esta idea a una malinterpretación de criterios tipográficos que en su día se empleaban para considerar que un texto era legible en monitores de 72 ppp, en parte debido a que la unidad de medida “puntos” (en PostScript) se define como fracción de pulgada: concretamente, y no por casualidad, como un 1/72 de pulgada.

En todo caso, si esta idea se ha extendido tanto, es porque como ya vimos en el vídeo anterior, es un tema poco intuitivo y que se presta a confusión. No he querido explicarlo en el vídeo para no alargarlo, pero yo, como todos, pasé por mi confusión con este tema y hasta llegué a desarrollar teorías todavía más fantasiosas que las de los 72 ppp. Comento esto porque, dado que en el vídeo he intentado ir al grano, puede parecer que yo veo todo esto clarísimo y que la gente debería nacer sabiéndolo. Pero nada de eso, todo lo contrario – incluso teniéndolo claro hoy en día, para hacer el vídeo me he tenido que hacer un guión muy detallado y seguirlo con cuidado, porque si no, me liaba (de hecho, espero que no se me haya terminado colando ningún despiste o gazapo numérico). Es más: mi intención ni siquiera es que nadie deje de hacer las cosas como las hace. Solo trato, como siempre, de proporcionar la información que yo considero más relevante para que, a partir de ahí, cada cual decida qué le conviene más. Pero eso sí, que decida con conocimiento de causa, para no andar a tientas o dando palos de ciego sin saber exactamente el por qué de las cosas. Si he conseguido esto, me daré por más que satisfecho.

 

FUENTE | PHOTOSHOPEANDO | CARLOS A. OLIVERAS

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