El mito de los 72 píxeles por pulgada
Esta entrada continúa con el tema de la anterior, esta vez para profundizar en una idea que está muy extendida pero que me temo que nos lía más que ayudarnos: la costumbre de redimensionar para web a base de remuestrear a 72 ppp. Según algunos expertos, el origen de esta práctica posiblemente esté relacionada con el hecho de que, en ciertos equipos de Apple de los años 80 (siglo XX), la resolución de la impresora y la del monitor guardaban alguna relación fija entre sí (como 72 ppp y 144 ppp, según he leído), lo cual quizá acabó generando la creencia de que los 72 ppp eran un valor de densidad universal y que además poseían algún tipo de ventaja en sí mismos. Otros atribuyen esta idea a una malinterpretación de criterios tipográficos que en su día se empleaban para considerar que un texto era legible en monitores de 72 ppp, en parte debido a que la unidad de medida “puntos” (en PostScript) se define como fracción de pulgada: concretamente, y no por casualidad, como un 1/72 de pulgada.
En todo caso, si esta idea se ha extendido tanto, es porque como ya vimos en el vídeo anterior, es un tema poco intuitivo y que se presta a confusión. No he querido explicarlo en el vídeo para no alargarlo, pero yo, como todos, pasé por mi confusión con este tema y hasta llegué a desarrollar teorías todavía más fantasiosas que las de los 72 ppp. Comento esto porque, dado que en el vídeo he intentado ir al grano, puede parecer que yo veo todo esto clarísimo y que la gente debería nacer sabiéndolo. Pero nada de eso, todo lo contrario – incluso teniéndolo claro hoy en día, para hacer el vídeo me he tenido que hacer un guión muy detallado y seguirlo con cuidado, porque si no, me liaba (de hecho, espero que no se me haya terminado colando ningún despiste o gazapo numérico). Es más: mi intención ni siquiera es que nadie deje de hacer las cosas como las hace. Solo trato, como siempre, de proporcionar la información que yo considero más relevante para que, a partir de ahí, cada cual decida qué le conviene más. Pero eso sí, que decida con conocimiento de causa, para no andar a tientas o dando palos de ciego sin saber exactamente el por qué de las cosas. Si he conseguido esto, me daré por más que satisfecho.
¿Qué espacio de color elegir? ¿Más grande es mejor?
Me gustaría grabar un vídeo para continuar el tema de la entrada anterior por donde yo quería, pero ahora mismo no puede ser pues como ya comenté, el tema de los vídeos está complicado, así que de momento aprovecharé para despejar con una entrada de texto algunas dudas que sería lógico que surgieran tras ver el vídeo anterior (o incluso sin haberlo visto).
Espacios de color: ¿El tamaño importa?
Es de lógica preguntarse para qué querríamos trabajar en sRGB si el ProPhoto RGB es notablemente más grande que el otro (y fijaos que digo “trabajar” – luego ya hablaremos del espacio final en el que termina nuestra imagen). Pues bien, contrariamente a lo que la intuición nos dictaría, sí puede haber algún motivo para “desconfiar” del ProPhoto RGBo de los espacios “grandes” en general, y para explicarlo voy a poner un ejemplo.
Imaginad que podéis construir un edificio pequeño o un edificio grande, pero con una misma limitación: las escaleras que comuniquen los pisos del edificio desde la calle hasta el terrado solo pueden tener en total 8 escalones, tanto en el pequeño como en el grande. La siguiente imagen trata de representar lo que ocurrirá: el edificio pequeño tendrá sus 8 escaloncitos con saltos relativamente suaves, mientras que el grande tendrá 8 saltos de nivel mucho más acusados (pues ha de cubrir mayor distancia con la misma cantidad de puntos intermedios).
Pues bien, algo similar ocurre en la “paleta de colores” de nuestras imágenes digitales por el siguiente motivo: si bien la amplitud tonal disponible depende del espacio de color en el que trabajamos (que sería como la altura del edificio), la cantidad de colores distintos realmente disponibles en nuestra imagen es una cantidad fija (como los escalones) que no depende del espacio de color, sino de los “bits” en los que trabajamos. Sin entrar en mucho follón matemático, el asunto es que el color de cada píxel tiene que estar codificado con un número, y la cantidad de números disponibles es limitada. Otro ejemplo de lo mismo sería imaginar que tenemos millones de coches, cada uno de un color distinto – para ponerlos a “circular” necesitan matrícula, y si las matrículas solo tienen 4 dígitos, solo podremos sacar a la carretera (nuestra imagen) 10.000 de ellos (de la matrícula 0000 a la 9999).
Por tanto, si he de cubrir un rango de tonalidades bestial, pero tengo una cantidad limitada de casillas o “matrículas” en mi paleta de colores, el salto de un tono a otro será tanto más notable cuanto mayor sea ese rango y menor esa paleta, con lo que podría terminar con un efecto de “franjas” en zonas como el cielo. Si uso un rango más justito, me quedaré más corto en los extremos, pero las transiciones serán más suaves.
Para explicarlo bien tendría que ir poniendo varias fases de este gráfico, pero pasaré directamente a esta imagen (clic en la imagen para ampliar):
El degradado suave dentro de las escaleras representa simplificadamente el espacio de color: es una gradación continua. Por otro lado, los circulitos del canto de cada escalón representan cómo el espacio de color “aterriza” en la dura realidad de los bits del documento: obliga a que los infinitos matices de esa gradación teórica se concreten en un número finito de tonos (8 en este caso). Si os fijáis, veréis que aunque la gradación de la izquierda sea más corta, sus tonos en circulitos evolucionan más suavemente que los de la derecha, que “saltan” más notablemente de uno a otro.
Podemos ver un ejemplo relacionado con esto en la magnífica web de Cambridge in color– en esta página en concreto , bajando hasta el apartado “Bit depth visualization“, podéis pasar el ratón sobre las cifras de bits por píxel (que equivale a la suma de los bits por canal) para ver cómo el efecto de los “escalones” se va reduciendo a medida que aumenta este valor:
Como vereis en ese ejemplo (si visitais la página), un mismo espacio de color de referencia se mostrará más o menos posterizado (“escalonado”) en función de los bits disponibles para representarlo.
Conclusión de tanto rollo: un espacio de color muy grande parece apetecible, pero podría causar gradaciones más abruptas. Y, además, como vimos en el vídeo anterior, sus tonos más extremos posiblemente no sean visibles en nuestros monitores actuales, con lo cual se diría que tampoco vamos a ganar nada.
Ya puedo oír al respetable público gritando algo como “pero qué vergüenza, ¿quién ha inventado esto del ProPhoto RGB? Un enemigo de la humanidad, sin duda. ¡¡Vamos a linchar al señor ProPhoto RGB!! “. Un enfado muy comprensible, pero dejemos momentáneamente las antorchas, los tridentes y la soga, y leamos el siguiente apartado.
Mito y realidad: el tío Martin acude al rescate
Si bien lo anterior es cierto y resulta evidente para 8 colores, en la edición de imágenes RGB tal como la conocemos en fotografía tenemos muchos, muchísimos más. Concretamente, trabajando en 8 bits tenemos 16 millones de colores distintos. Y en 16 bits, la cifra alcanza la friolera de 281 trillones de colores únicos. Un trillón es un millón de billones, así que… bueno, son muchos, muchísimos colores. Evidentemente, no los tendremos todos en la misma imagen a la vez: simplemente son las posibles combinaciones a partir de los bits por canal.
Con semejantes cifras, da la impresión de que va a ser muy difícil llegar a tener el problema del que hablábamos antes, pues aunque el edificio sea muy alto, tenemos escalones para parar un carro, pero incluso así, hay quien desconfía, pues al fin y al cabo, un espacio de color es algo continuo y, como tal, sus valores son infinitos. ¿Cómo garantizar que cuando esa función continua se proyecte sobre una cantidad finita de tonos mantendrá una uniformidad perceptual equivalente para todos sus tonos, tanto aisladamente como en gradaciones? Es una cuestión un tanto mareante para quien pretenda resolverla únicamente armado de su intuición o “a ojo”, así que no es de extrañar que el miedo a posibles saltos o cambios de tono bruscos se haya empleado tradicionalmente como argumento para disuadirnos del uso de ProPhoto RGB o, en general, del uso de cualquier espacio de color “amplio”.
Pero si bien la prudencia de esos argumentos puede estar justificada, parece que en la práctica la sangre no llega al río. Esto es lo que nuestro gurú photoshopero favorito, el maestro Martin Evening, dijo al respecto hace ya unos años en su serie de libros “Photoshop para fotógrafos“:
Está en inglés pero resumo lo que dice: Martin comenta que durante los últimos 10 años, los expertos habían recomendado Adobe RGB como espacio de edición (digamos que es un intermedio entre sRGB y ProPhoto RGB), pero que esto ha variado y ahora se aboga por el uso de ProPhoto RGB como espacio de edición. Y da dos razones: una, que actualmente las impresoras pueden beneficiarse de la mayor amplitud de este espacio (tienen gamas de color que superan las del espacio Adobe RGB). Y otra, que ProPhoto RGB permite llevar a cabo cálculos de mayor amplitud y esto evita que los valores se recorten por culpa de trabajar en un espacio más pequeño.
Dicho esto, y aunque yo creo haber comprobado esta mayor precisión o mejor conservación de valores al editar en ProPhoto RGB o en AdobeRGB respecto a sRGB, debo decir que también me plantea algún interrogante – iba a poner un ejemplo práctico de imagen editada de forma extrema en sRGB y en ProPhoto RGB pero finalmente he decidido no ponerla porque requeriría dar muchas explicaciones y para ser sincero, tengo algunas dudas acerca de la forma en que Photoshop adapta sus funciones de edición a la hora de calcular los valores numéricos. Prefiero que los expertos se ocupen de esto.
[Actualizo: Hablando de expertos y a raíz de algo que ha comentado Paco J. Muñoz, quizá sí que habría que ser algo más prudente en el sentido de que si los colores se salen mucho del espacio de destino, los colores recortados pueden causar una diferencia significativa. Como siempre, es difícil hacerse una idea porque tal vez en una imagen no llega a notarse, y en otra sí, pero quería al menos añadir este apunte para que nadie baje la guardia.]
¿Y no será malo trabajar en un espacio mayor que el de nuestro monitor?
El argumento de las gradaciones y las franjas ha perdido algo de fuerza los últimos años (al menos en 16 bits), o yo no lo veo tanto, pero otro argumento que parece haberle tomado el relevo es el del “falseamiento de colores“. La idea es la siguiente: dado que nuestros monitores actuales ni de lejos llegan a cubrir un espacio como ProPhoto RGB, acabaremos con una imagen que, en realidad, no tiene nada que ver con lo que estamos viendo. ¡Y el granuja del Martin quería que lo usásemos alegremente! Rápido, volvamos a coger las antorchas, tridentes y soga, y vamos a lincharlo. Bueno, un momento: pensémoslo mejor, no sea que luego nos arrepintamos.
Veamos. Esa afirmación parte de una realidad: lo limitado de la gama de colores que pueden mostrar nuestros monitores de hoy en día – esto ya lo vimos en el vídeo anterior, así que hasta aquí, bien. Pero deberíamos diferenciar entre el espacio de trabajo/edicióny el espacio final o de destino. Evidentemente, mientras trabajo en un espacio más amplio que el de mi monitor, no distinguiré todos los colores que realmente contiene la imagen, pero según los presuntos expertos (tampoco nos fiemos demasiado), esto nos da margen para manipular la imagen con menos riesgo de perder información: simplemente, tendremos información adicional que, en general, se descartará definitivamente cuando llegue el momento de crear una versión final y convertirla a un perfil más ajustado, igual que cuando pasamos de 16 a 8 bits para guardar en jpg, o cuando aplicamos definitivamente un recorte no destructivo previamente practicado a efectos de visualización.
De hecho, quizá usar la palabra “falseamiento” no ayude mucho, pues da a entender que algo se está haciendo mal o nos están engañando, pero no sé si es adecuado verlo así – al contrario, el perfil del documento se está convirtiendo sobre la marcha para mostrarlo correctamente en el dispositivo de salida, en este caso el monitor. Si se ha de recortar, se recorta, pero esto ocurre de forma controlada y predecible, y no es un fenómeno único – pasa lo mismo en muchas otras situaciones donde los perfiles no coinciden. Yo reservaría lo de “falsear” para casos en que un fallo técnico o un error de estandarización (como una mala calibración/caracterización del dispositivo, o una iluminación al azar, según la hora del día) dé lugar a una reproducción o percepción de colores incorrecta. Pero bueno, la terminología es lo de menos, y le llamemos falseamiento o recorte, el caso es que hay gente empeñada en usar como espacio de trabajo el espacio “final” (el espacio del dispositivo de salida), basándose en este argumento. Incluso hay quien defiende trabajar en el espacio de color del monitor (?). Yo no estoy de acuerdo con esto, pero ni les voy a convencer yo a ellos, ni ellos a mí, pero lo menciono porque, aunque la mayoría de lo que digo aquí son cosas que he leído en otra parte y con las que estoy de acuerdo, no os ha de extrañar topar con gente que diga algo distinto.
Una pequeña cabina para ver imágenes con iluminación estandarizada – la luz que incide sobre la imagen impresa o el monitor sí puede “falsear” la imagen.
El espacio de color de las versiones “finales”
Cuando realmente tendremos que preocuparnos de estas limitaciones del monitor (o de la impresora, o de lo que sea que vaya a dar salida a nuestra imagen terminada) será cuando generemos un archivo o reproducción final que, de hecho, tal vez vaya a seguir su curso en otros dispositivos, o simplemente será compartida con otras personas. A lo mejor este archivo de imagen va a verse solo en tablets y móviles que no llegan ni a unsRGB. O se va a enviar a clientes de un estudio con monitores que cubren el AdobeRGB. O se va a imprimir en una buena impresora doméstica con un espacio de color determinado que no llegue a ProPhoto pero supere el AdobeRGB. Bueno, y todo esto suponiendo que nos quedemos en RGB – puede que en algún momento la imagen acabe convirtiéndose a un espacio de otro modelo de color como CMYK y que la mitad de colores palmen no por el monitor, sino simplemente por el espacio CMYK concreto que tenga que usarse. En este aspecto concreto, ProPhoto RGB tiene la ventaja de ser un buen espacio de conexión entre perfiles, por su amplitud (es decir, incluso aunque consideremos que es demasiado grande para nuestras necesidades, puede cumplir este papel de espacio intermedio).
No solo de RGB vive el hombre.
Con lo anterior solo intento sugerir que la cantidad de casos posibles es muy amplia y ni de lejos voy a cubrirla aquí, además de que tampoco conozco todos los casos. Como ya he dicho muchas veces, esto es todo un mundo. De todas formas, por concretar un poco, supongo que la mayoría de quienes lean esto suelen pasar el raw a su equipo, revelarlo/procesarlo y crear una versión final en jpg para ver en pantalla. En tal caso, yo pienso (no solo porque lo digan los expertos, sino por mi experiencia), que en ProPhoto y16 bits no se trabaja mal. Bueno, claro, una cosa es trabajar, el problema vendrá (o no) al tener que convertir a un espacio menor. Pero de hecho, en Lightroom ya por defecto se trabaja así e incluso las preferencias de edición externa del programa sugieren mantener esta configuración al pasar a Photoshop, con lo que supongo que no será tan disparatada esta forma de trabajar. Luego, al terminar, pienso que lo más sensato sería crear la versión final en un espacio de color estándar lo más parecido posible al que nuestro monitor aplicaba mientras editábamos la foto, más que nada porque en caso contrario (dejarla en un espacio mayor al de nuestro monitor), podría pasar que el día de mañana tengamos un monitor mejor y entonces, al abrir imágenes “antiguas”, veamos tonos que antes se recortaban y ahora no, y no nos guste tanto el resultado. Tampoco está garantizado que ocurra, pero podría pasar. Ahora bien, incluso así, si se trata de recortar colores para verlo como antes, que no cunda el pánico porque siempre estamos a tiempo de ir a menos – podemos resolver el asunto convirtiendo la imagen al espacio estándar más parecido al que tuviera el monitor con el que hubiéramos editado la imagen en su momento (porque seguramente ya no conservemos el mismo perfil que en su día creamos para el monitor). Por supuesto, esto no es lo ideal e introduce otras consideraciones, pero lo dejaré aquí o no acabo.
Los propósitos de conversión o “rendering intents”: el truco más viejo del mundo. A mí también me engañaron.
Solo un apunte más en este apartado: estoy hablando bastante de conversiones de perfil, pero no he dicho nada de motores de conversión y propósitos de conversión. ¿Qué es eso? Es algo que entra en juego al convertir de un espacio o perfil a otro, pues la conversión se puede hacer de acuerdo a distintos criterios (como recortar colores que sobran o no recortar, pero redistribuir tonos para que quepan todos y se mantenga la percepción relativa de alguna de sus cualidades). Es un tema aparte (para variar) pero un motivo adicional por el que no le dedico mucha atención aquí es que al convertir entre perfiles RGB, el propósito de conversión es indiferente por tratarse de perfiles matriciales: siempre (o al menos en el motor de Adobe) se van a convertir por relativo colorimétrico, que en esencia, es un recorte y es justamente lo que pienso que nos interesaría de acuerdo a lo que dije en el párrafo anterior. Esto lo supe gracias a Paco J. Muñoz, como muchas otras cosas que he aprendido de él en este campo. [Actualizo: Hablando de Paco, en un comentario de facebook me ha hecho notar que este recorte puede ser más dañino de lo que quizá yo estoy considerando – lo sigo prefiriendo a una conversión que redistribuya todos los tonos de la imagen, y en todo caso, yo por lo general no lo he notado en exceso salvo en fotos bastante concretas, pero creo que voy a estar más atento a partir de ahora.]
El navegador, la vista previa y otros coloricidios
Quiero terminar ya, pero no puedo hacerlo sin repasar lo más divertido del asunto: resulta que por muy bien que lo hagamos todo, hoy por hoy, el simple hecho de crear imágenes con un perfil más grande que sRGB nos expone a que otras personas no vean la foto como esperamos, no solo por el tema de que tengan monitores más limitados, sino porque algunos navegadores tienen la mala costumbre de pasarse el perfil de la imagen y/o del monitor por el arco de triunfo, como si dieran por hecho que todo está en sRGB o, simplemente, que toda la realidad colorimétrica que entra por un lado y que sale por otro va a cuadrar sola por arte de magia, de modo que no hacen conversión alguna de un espacio a otro. Incluso la vista previa de Windows es tristemente famosa por sus atropellos cromáticos.
A la izquierda, una imagen en Firefox 29. A la derecha, la misma imagen en IE 11. Uno de tantos ejemplos de las cosas raras que pueden pasar incluso haciendo las cosas bien.
Todo esto es también un tema aparte, pues hay navegadores más o menos flexibles en este aspecto que ofrecen distintas opciones de configuración, y otro tanto ocurre con los visualizadores de imágenes y con los sistemas operativos: como usuario de Windows, me he encontrado problemas distintos en cada versión. Lo que hay que tener claro es que por mucho que calibres, que exportes en un pefil que le siente como un guante a tu imagen y a tu monitor, y en definitiva, por más exquisita que sea tu forma de trabajar, al final no tenemos ningún control sobre el monitor del vecino. Y si imprimimos, tendremos que pasar por el tubo del perfil de impresión, porque una impresora no es un monitor – es más, incluso los colores de la imagen ya impresa en papel pueden deteriorarse con el paso del tiempo o, simplemente, variar según la luz bajo la cual se observen, como cualquier otra cosa. Esto no quiere decir que nuestros esfuerzos no tengan su recompensa, simplemente, que hemos de ser conscientes de que siempre habrá limitaciones fuera de nuestro alcance. O a lo mejor es que yo me resigno y no hilo tan fino, pero en fin, a partir de cierto punto, prefiero no amargarme más de la cuenta, pues como ahora repetiré en las conclusiones, yo me dedico a hacer fotos, no a cuadrar espacios de color o a volverme majara con los propósitos de conversión y similares. No se trata de quitarle importancia a nada, simplemente de establecer prioridades y ser realista.
Conclusiones
Antes semejante panorama, es típico (de hecho, hace poco alguien lo comentó en YouTube) que haya quien prefiera tirar por el camino del medio y limitarse desde el principio a un espacio relativamente pequeño como sRGB, dejarse de calibración del monitor e historias, y a vivir que son dos días. No es mi opción favorita, pero es una actitud que comprendo perfectamente. En todo caso, vuelvo una vez más a la idea que yo siempre defiendo: hacer lo que sea, pero siendo consciente de lo que haces y por qué. La mayoría de problemas que veo en gestión del color no son fruto de las limitaciones técnicas que antes mencioné, sino de no conocer (y, por tanto, no saber aplicar correctamente) una serie de conceptos básicos. Cosa, por otro lado, de lo más natural, pues nadie nace enseñado y estos temas en concreto son bastante “pantanosos”.
Por otro lado, siempre está la opcion de limitarse al blanco y negro (escala de grises) y quitarse de encima unos cuantos problemas.
En todo caso, aunque ahora me haya dado por centrarme en este tema (de hecho como dije, aún me gustaría grabar un vídeo para rematarlo), su importancia será relativa para cada persona en función de lo que haga con sus imágenes y de lo familiarizado que esté con todo esto.
Por último, ahora sí, quiero señalar que por más argumentos que se den a favor de hacer las cosas de tal o cual forma, siempre habrá gente que opine lo contrario. Y, a veces, más que cuestionarme los argumentos, me pregunto si de verdad es tan importante usar tal o cual espacio. Es relevante, sí, pero al fin y al cabo, me parece una cuestión secundaria si se compara con la composición, la exposición, el rango dinámico, la nitidez de la imagen, el ruido y los tropecientos aspectos que, como fotógrafos, pienso que deberían importarnos más. Es decir, está bien saber todo esto, pero al acabar de leer este o cualquier otro rollo sobre el asunto, creo que vale la pena distanciarse un poco de todo ello. O así lo veo yo desde mi situación particular, así que quería dejar constancia de ello antes de terminar.
Pues nada, ya he pegado un buen rollo. Espero que algo de todo esto haya tenido sentido. La continuación y conclusión de esta serie es este videotutorial sobre avisos de gama.





